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    Pobreza en los tiempos de Internet

    El reflejo de nuestra sociedad muchas veces va de la mano con la red. Internet se ha convertido, lejos de aquella sociedad esnobista de gente privilegiada por el acceso a las nuevas tecnologías, en un lugar donde la posibilidad de acceder a una computadora, sobre todo en las regiones más ricas del mundo, ya no es un indicativo de bienestar. Más bien, parece que la suerte de una gran cantidad de gente talentosa y tecnificada va cambiando para mal.

    Sírvase este ejemplo a la mesa. En Japón, al igual que una gran cantidad de países “desarrollados”, ya no hay oportunidades para la generación joven actual. El fenómeno del tecno-indigente es muy común en un lugar donde es más fácil vivir en cibercafés que rentar un departamento. Casos similares ocurren en Francia y otros lugares de Europa, donde muchos obreros y oficinistas duermen en la calle, eso sí, con sus laptops bajo el brazo, teniendo blogs, chateando, recibiendo ofertas de trabajo temporal a través del correo electrónico generalmente sin futuro, seguridad social o algún tipo de mejora. Incluso en Estados Unidos existen este tipo de casos que tocan a los grandes geeks de la historia, como el caso del famoso “Captain Crunch”, John Draper, de quien se dice vive actualmente en un automóvil en la más absoluta pobreza.

    Como vemos, muchas veces contar con la más avanzada tecnología disponible (e incluso saber utilizarla bien) no nos garantiza el bienestar, ni siquiera una mejor forma de vida. Hoy en día el 70% de los jovenes del mundo no tienen oportunidades de progresar, pero muchas veces no es precisamente porque no tengan formación académica o científica, aunque es también una realidad que muchos de ellos no tienen acceso a tecnologías por su nivel de pobreza.

    Entonces, si la tecnología o el conocimiento sobre ellas no nos aseguran progreso, ¿qué es lo que falla?. La respuesta, a mi entender, viene de algo más profundo: los valores.

    La siguiente generación (la que nos precederá) viene arrastrando las consecuencias de las crisis de valores de nosotros, que a su vez arrastramos las pifias de nuestros padres en este sentido. Vivimos en una sociedad nueva que es más rica en tecnología, en bienes, en conocimiento, pero a su vez, es más solitaria, egoísta y cruel. Destejimos las redes sociales que cobijaban a los más pobres, y el resultado ha sido terrible. Mucho joven solo, sin familia o con familias más bien dispersas (divorcios, familias con hijos únicos, madres/padres/abuelos solteros), que no ofrecen ayuda ni entendimiento a sus hijos que hoy enfrentan la peor deshumanización de la sociedad, con patrones que no les importa si su empleado duerme en una banca, que le exige todo su tiempo vital por una miseria, en una forma de esclavitud moderna, en la que si no lo haces “hay muchos haciendo fila” para reemplazarte.

    Nos enfrentamos a una realidad que realmente asusta. Y como padres, debemos revertir en lo posible esta situación. Si no fomentamos valores humanos, morales y espirituales en nuestros hijos, se enfrentarán de cara a esta cruda realidad de las sociedades “avanzadas” pero deshumanizadas, en las que todo se vale y si te quedas en la indigencia, pues mala suerte. Más que las habilidades tecnológicas, lo que salvará a nuestros hijos de esta realidad será la fortaleza para enfrentarse a este escenario con dignidad a través de sus valores. Aquí el problema es que la realidad ya nos alcanzó, y ya estamos sufriendo los primeros problemas de esta deshumanización, por lo que el panorama no es del todo alentador. No cometamos el error de pensar que el conocimiento lo es todo: aprendamos que los valores cuentan, y que necesitamos crecer en otros aspectos para tener realmente oportunidades de subsistir en el mundo que nos viene.

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